jueves, 5 de octubre de 2017

La unidad de España es lo más progresista

"Soy hombre. Nada de lo humano me es ajeno", decía Terencio y, aunque seamos un partido vecinal, independiente (que no independentista) y centrado en Leganés forma parte del ADN de nuestra formación su carácter glocal. Y hoy tras unos días donde en nuestro país y en una de sus regiones, Cataluña, se ha vivido, vive y vivirán momentos tan cruciales como dramáticos, quiero remarcar algo que parece que a alguno se le pasa por alto. No me dirijo al secesionista, al independentista doctrinario, sería perder el tiempo. Mis palabras no van a quien no siendo secesionista hace de todo lo que huela a antisistema su religión. Tampoco a quien defiende la unidad de España con vocabulario y escenografía que huele a naftalina. Me dirijo especialmente a esa mayoritaria población que cree que las personas pueden contribuir al progreso, que la historia se escribe cada día y que la realidad no sólo hay que interpretarla, sino también transformarla en algo mejor que como nos dejaron los predecesores. Aquella que cree en el respeto a las reglas del juego y a que la democracia es el cuerpo que ha de encajar en el traje de la ley. Ley, separación de poderes y garantía de los derechos fundamentales individuales que hacen que nunca la mayoría se convierta en dictadura. Porque toda dictadura es detestable, lleve el apellido que lleve, del mismo modo que la democracia con apellido nunca es una verdadera democracia.

Y en ese contexto quiero decir con total contundencia y sin complejo alguno que no hay concepto más progresista que defender la unidad de España. Porque no se trata de llevar una pulserita en la muñeca, ni poner una bandera en el balcón. Se trata de que la unidad de España es la que garantiza la igualdad de todos los españoles en todo el territorio que conforma el Estado. Socavar la unidad de España es acercarnos al medievo, a un pensamiento gremial, tribal, esencialista y, por ende, retrógrado. Decir ¡Viva España! no te convierte en un facha o similar. Es una llamada a la convivencia común y global, donde ser de un sitio no te privilegia frente a otros. Decir hoy Viva España y defender la unidad de la nación es también poner en valor lo que significa Europa como construcción fraguada durante siglos de intolerancia, guerra y crueldad para dar primacía a una cultura como la occidental donde el hombre se ha de convertir en una cosa sagrada para el hombre como reza el lema de mi universidad, la Universidad Carlos III de Madrid. El hombre es la medida de todas las cosas y el depositario y destinatario de derechos, no ningún terruño, sea el que fuere.

Lo que pasa en Cataluña es un ataque a la sociedad española en su conjunto y, por extensión, a todos los demócratas del mundo. Podrán los secesionistas "untar las obras con tocino", camuflar magistralmente la realidad y hacer de lo blanco negro. Podrán los bienintencionados o ignorantes hacer llamadas a un diálogo que no puede ser más capcioso porque el diálogo leal, honesto y justo exige de los interlocutores una creencia previa en el mismo y no otro atajo o truco para seguir sin escrúpulo con su objetivo final. Pocas veces reluce más el imperativo categórico kantiano. Podremos discutir si galgos o podencos, mientras el lobo del nacionalismo vestido y actualizado con la piel de cordero 3.0 nos devore como ya hizo en el siglo pasado (el nacionalismo al que no se le frena deriva siempre en nazionalismo). Podremos dar palos de ciego con carácter indefinido o recrear la famosa ilustración goyesca del "duelo a garrotazos". Podrá haber dos Españas o doscientas, pero hay una identidad sustancial en cada una de ellas: ser España. Defendiendo su unidad nos defendemos todos y cada uno de ellos que la conformamos. Incluidos los que reniegan de ella.